martes, 4 de diciembre de 2012

Historia de una torta de bodas

Esta historia la recordé gracias a una amiga bloggera,  Vicky,  que tiene un hermoso blog de repostería: http://mordiendolagalleta.blogspot.com.ar
Vicky hizo una torta de bodas para 100 personas y cuenta en su blog todas las peripecias que afrontó.

Hace más de 30 años, yo era una muchacha (casada y con dos hijas pequeñas) que andaba en los primeros ensayos con la  cocina.

En esa época de mi vida creía que “todo lo podía”. Por ello,  cuando  un familiar muy cercano decidió casarse, pronta y entrometida me ofrecí a hacer una  torta de casamiento. Los novios que deseaban hacer algo muy sencillo, no pensaron en una torta de bodas.

Deseaban casarse solo por civil y hacer al día siguiente, que sería un sábado a la noche, una reunión muy íntima con algo para picar y brindar. Nada más. Pero yo insistí tanto,  que finalmente aceptaron como para darme el gusto.
Pregunté cuantas personas iban a concurrir al brindis “íntimo”. Comenzaron a sumar. ¿Familia? solo los directos. ¿Amigos? nada más que los más cercanos. Total: 50 personas.

Por favor,  antes de continuar con este relato quiero ubicarlos en la época. Treinta, treinta y dos años atrás, los jóvenes éramos un tanto hippies, no había freezer, no había internet, no había celulares, ni fotos digitales, ni existía el teflón, etc.
Todos estos adelantos tecnológicos a los que hoy  día recurrimos como la cosa más natural, no existían. A ello debo sumarle que trabajaba en mi empleo fijo 8 hs. diarias y cuando volvía, tenía que atender a dos  hijas pequeñas, un marido y la casa.
Con todo esto por detrás me lancé a una de las aventuras más audaces de mi vida,  dentro de una cocina.  
Comencé 10 días antes a buscar recetas, no por internet, sino en los libros de Doña Petrona,  Doña Lola, etc.  Elegí una de  3 pisos. Luego fui comprando todos los ingredientes, los moldes, (los moldes  eran marca: Doña Clara) ¿Por qué sería que en esa época todo era “Doña”? Las cintas blancas, los souvenirs que iban dentro de la torta, los confites plateados y los muñequitos de boda.
Como no había freezer, no podía adelantarme demasiado a la fecha y además era verano; el calor podía jugarme en contra.
Yo tenía una modesta cocina con horno a gas y una  heladera no muy grande.
Durante los  4 días previos a la fiesta, llegaba de mi trabajo y me dedicaba  exclusivamente a  la torta de bodas. Hice tres tortas de distintos tamaños para colocarlas en torre.
 Ese día viernes,  estaba terminando con el relleno de cada una de las tortas y las había cubierto con una crema blanca. Me faltaba cubrirlas con el fondant,  pegarlas y comenzar a decorarla (había decidido que la decoración sería mínima, perlitas y los muñequitos,  ya que  no se me daba bien hacer florcitas u otro tipo de adornos).
La casa estaba en silencio total, toda la familia dormía. Miré el reloj y eran las 3 de la madrugada. No daba más... Decidí tirarme un rato a dormir, 2 ó 3 horitas. Dejé todo sobre la mesa en que estaba trabajando.
Cuando me levanté y fui a ver la mesa de trabajo, casi me muero.
Estaban las tres tortas cubiertas de hormigas rojas, de esas que son muy pequeñas, pero eran cientos, miles.
Nunca las había visto en la casa, ni en el jardín. Tampoco supe de donde vinieron, pero era una invasión.

Mis gritos despertaron a mi marido y mis hijas. Ellos  me querían ayudar tratando de quitarlas de alguna forma, raspando, soplando, sacudiendo… pero no había forma. La fiesta  de casamiento era ese sábado a la noche. Desesperada me senté en un sillón y comencé a llorar. Sabía que estaba todo perdido, solo quedaba tirarla a la basura. ¿Quién me había mandado meterme en ese lío? ¿Quién?
Estuve mucho rato llorando con desconsuelo. Mi marido fue a ver una o dos confiterías de la zona para ver si me hacían una torta de casamiento para la noche. Imposible, había que encargarlas con una semana de anticipación como mínimo.

Finalmente había decidido llamar por TE a los recién casados y contarles lo que sucedía.  Cuando  hecha un mar de lágrimas, estaba  discando los números,  llegó mi suegra que vivía enfrente,  a ver como me estaba quedando la torta. Ante tal desastre llamó a mi amiga, la farmacéutica del barrio (Ambas excelentes cocineras y mujeres decididas).


Evaluaron la situación y dispusieron que había que tirar todo y comenzar de nuevo.
– ¿De Nuevo? –No vamos a llegar–  decía yo entre hipos de llanto.
Limpiaron el área de trabajo hasta que no quedó una sola hormiguita. Las tres empezamos a hacer una torta cada una y cada cual la llevó a cocinar a su horno. Para el mediodía ya teníamos nuevamente las tres tortas, algo tibias, pero no quedaba otra. Entre las tres hicimos los rellenos de nuevo, las cremas y a eso de las 7 de la tarde estábamos forrándolas con el fondant. Faltaban detalles, pero ellas dos se iban a encargar del resto. Mientras yo debía arreglarme, maquillarme y preparar a las niñas para la fiesta.

Finalmente nos sentamos en el coche y todavía ellas me acomodaron la torta, ya terminada, arriba de mi falda para que no tuviera ningún inconveniente durante el viaje. Cuando llegamos ya estaban casi todos los invitados. Con mi marido acomodamos  la torta en una punta de la mesa y recién en ese momento respiré profundo y juré nunca más ser entrometida.
No se si llegué a agradecerles lo suficiente a mi suegra Celina y a mi amiga Dorita. Lo hago hoy de nuevo después de tanto tiempo. ¡¡¡Muchas gracias!!!

Pasaron muchos años y esta historia la tenía muy olvidada en un rinconcito de mi mente, me afloró de golpe al leer el relato que hizo Vicky de su torta de bodas.

Como no llegué a tener fotos de esa boda, la ilustré  con archivos gif

Un abrazo a los lectores
Gely



sábado, 1 de diciembre de 2012

Época de zorzales

Hola a todos los amigos y amigas del blog

Debido a que aún recibo comentarios sobre una publicación que hice en diciembre de 2010, la vuelvo a transcribir con algunos de los comentarios que agregaron los lectores de este blog. 

En su momento fue una contribución de Paula y Javier y creo que es muy actual,  pues por estas latitudes estamos en época de cría de zorzales.

Un saludo

Gely

 

viernes, 3 de diciembre de 2010


PAULA Y JAVIER (lectores del Blog)

Hola:
Ya que hablan de pajaritos, tengo algo para contar. Hace unos días hubo una tormenta bastante fuerte y apareció en nuestro jardín, un pichoncito de zorzal.
Con Javier pensamos que  cayó de un nido del  árbol de un jardín  vecino.
Era precioso, como una bolita redonda,  con pelusa, el pechito anaranjado y parecía despeinado. Los padres se veían desesperados y desorientados, piaban y volaban todo el tiempo alrededor del pichón, que a esta altura lo bautizamos con ese nombre: “Pichón”.
Javier y yo intentamos por todos los medios  acercarnos para levantarlo y colocarlo nuevamente en el nido. Pero los padres no nos dejaban. Volaban por encima de nuestras cabezas piando muy fuerte y de forma amenazante.


Decidimos no intentarlo más y dejamos de salir al jardín a fin de no asustarlos.
Resignados,  los dos pájaros adultos proveían  de alimento a Pichón constantemente. Traían gusanitos, moras, etc. Yo les quería sacar fotos, pero en cuanto intentaba salir, se armaba nuevamente la bataola.
Pichón se apropió del lugar, estableciendo su nido a lo largo y ancho de nuestro jardincito. Tomó confianza y empezó a  hurgar por todos los rincones. Mientras,  sus abnegados progenitores iban y venían con las provisiones.
 Un día,  fisgoneando por uno de los rincones del jardín,  Pichón quedó enganchado entre unas cañas de bambú. Se armó tal griterio, que Javier y yo salimos corriendo al jardín y encontramos a los padres de Pichón, revoloteando y piando alrededor de las cañas y al propio Pichón más muerto que vivo,  ya que a pesar del pataleo,  no lograba desprenderse de las cañas.

Decidí rescatarlo y mientras Javier con una escoba, alejaba a los padres que volaban en picada a mi alrededor intentando atacarme con increíble agresividad,  logré desengancharlo y colocarlo sobre el pasto. Rápidamente nos fuimos adentro.

Lo insólito de esta historia es que un rato más tarde Javier y yo salimos tímidamente al jardín, cuidándonos de los padres de Pichón y,  por primera vez en estos diez días, no nos atacaron… Empezamos a movernos más libremente y nada. Parecía como que   aceptaban y entendían que no éramos enemigos. A partir de ese momento hasta pude sacarle fotos a Pichón.

 
Al poco tiempo,  Pichón   empezó con unos  saltitos, luego vuelos cortos y un día se fue.

Me gusta creer que entre los tantos zorzales que vienen a  nuestro jardín, a veces aparece Pichón para hacernos una visita.

Paula

6 comentarios:

  1. Gely
    Gracias Teresa!!!!

  2. Me encantó!!!

  3. Estoy de acuerdo con Lucio.A mi tampoco me funcionó el "beixaflor" asi llaman al recipiente de nectar en Brasil.Pero sigo recibiendo la visita de l picaflor.Bendito sea!!!!

  4. llo tuve uno y no sabia cuidarlo y se murio al dia siguiente

  5. Qué ternura!!! a mi esta mañana me despertó mi mamá pidiéndome ayuda porque había un pajarito en el patio de mi casa, el pobre no podía volar bien y nos preocupaban los gatos (yo misma tengo una, y es bastante cazadora)
    Lo agarré y ahora está en una cajita, es un pichón de zorzal también, es hermosísimo. Lo malo es que no puedo dejarlo en el jardín, asi que está adentro de casa...
    Espero que crezca y poder soltarlo!! por el momento sé que tiene que comer cada media hora.
    ResponderSuprimir

jueves, 29 de noviembre de 2012

El Uruguay no es un río…

es un cielo azul que viaja. 

¿Ustedes saben que  por estas pampas existe una leyenda  que se llama  “El Mal del Sauce”?
Se dice  de este mal que  atrapa a quienes se tienden a dormir la siesta bajo su sombra: al despertar descubren que se han enamorado del lugar y ya no pueden abandonarlo.


Mientras uno duerme la siesta bajo un sauce, las defensas del organismo descienden y se comienza a percibir el aroma de las plantas, los sonidos de los pájaros y otros factores a los que nunca antes habían prestado atención. ¡ Este  mal es adictivo!


Pues eso nos ocurrió este fin de semana largo a mi marido y a mí. Fuimos a una localidad de la Provincia de Entre Ríos, llamada Colón, que se encuentra acostada sobre la orilla del río Uruguay. En anteriores viajes hemos  pasado muchas veces por la zona, pero siempre apresurados, rumbo a otros lugares.



Esta vez decidimos quedarnos tres días.


Nos alojamos frente a una de las hermosas playas y  cruzábamos con sillas y mate  hacía la orilla, debajo de los sauces. Fue tal la paz que nos invadió,  que todo era placer. Escuchar a los pájaros, mirar el río, los pescadores, los barquitos, la gente que se reunía a charlar y a tomar mate sin parar. Mucho mate y pasaban  los vendedores  de “tortas fritas, churros, rosquitas…
Una variedad de pájaros increíble. A propósito de los pájaros conocen la canción: ¿Río de Pájaros?


Río de los pájaros

(Autor: Aníbal Sampayo)

El Uruguay no es un río,
es un cielo azul que viaja.
Pintor de nubes: camino,
con sabor a mieles ruanas.

Los amores de la costa,
son amores sin destino,
camalotes de esperanza
que se va llevando el río.

Chuá, chuá, chuá, ja, ja, ja,
no cantes más, torcacita,
que llora sangre el ceibal.


Morenita lavandera,
biguacita de la costa,
enrollate la pollera,
ponete a lavar la ropa.

Tu madre cocina charque,
tu padre fue río arriba
y vos te quedaste sola
lavando ropa en la orilla.

Canoíta pescadora,
aguantame el temporal,
si mis brazos no se cansan
remando te he de sacar.

Gurisito pelo chuzo,
ojitos de yacaré,
barriguita chifladora,
lomito color café.


Pasé los tres días tarareando esta hermosa canción.






Cada tanto vale la pena contraer El mal del Sauce, lo difícil es volver…

viernes, 23 de noviembre de 2012

Tarta de zanahorias con maíz

Me desperté muy temprano, demasiado. Miré a mi costado y mi vecino de cama dormía profundamente. Prendí la pequeña radio con audífonos que tengo para esas ocasiones. Por el horario,  lo único que se podía escuchar eran los  informativos agropecuarios. A cuanto la vaca gorda, la vaquillona, los  terneros, la cotización de la soja, trigo,  maíz, etc. La locutora dedicó un capítulo especial a las hortalizas y comenzó a hablar sobre las propiedades de la zanahoria. Se fue entusiasmando y de pronto dijo:
- ¿Ustedes probaron alguna vez la tarta de zanahorias con maíz? Es exquisita!!. Hay muchas formas de hacerlas, la recomiendo ya que hay unas zanahorias muy buenas en esta época. (Pero no proporcionó ninguna receta)


Me volví a dormir y cuando desperté me dije: “Hoy hago tarta de zanahorias con choclo”.
La receta la inventé (aunque no hay nada nuevo bajo el sol), pero total si me fracasa no la publico y ya está. Fue un éxito, muy sabrosa. Así que aquí va:

Ingredientes
1 disco de masa para tarta, comprado o amasado en casa
5/6 zanahorias medianas
1 diente de ajo
1 cebolla grande
1 taza llena de maíz desgranado, o congelado, o en lata.
3 cucharadas gorditas de queso crema ó 2 de crema de leche
3 huevos
Queso rallado a gusto
Aceite, sal, pimienta blanca molida, nuez moscada.

Preparación
Pelar y rallar las zanahorias (Yo las rallo a máquina a fin de  preservar mis deditos),  picar el diente de ajo, cortar la cebolla en cubitos.


El maíz: Si utiliza choclo fresco y lo desgrana, darle un hervor previo de unos minutos. Lo  mismo si es congelado. En cambio si usa el  de lata,  generalmente   los granos ya vienen  blandos.
Calentar un wok o cacerola con un chorrito de aceite. Rehogar la cebolla. Luego agregar el ajo picado y las zanahorias ralladas. Cocinar a fuego lento unos 5 minutos. Agregar el maíz y los condimentos. Mezclar bien y cocinar todavía unos minutos más.


Apagar el fuego  e incorporar el queso crema o bien la crema de leche. Mezclar. Dejar enfriar y luego incorporar los huevos mezclando bien.

Enmantecar/enharinar  un molde de tarta y acomodar la masa. Verter el relleno sobre ella. Espolvorear con abundante queso rallado y cocinar en  horno  de temperatura moderada hasta dorar (Cada uno conoce su horno, así que verá el tiempo. El queso rallado debe dorarse y la masa sin que se queme  debe quedar crocante) Una delicia!!!



viernes, 16 de noviembre de 2012

Pastel de ricota con arándanos

Todo el mundo está de acuerdo, en que cuando vas a una reunión y deseas llevar algo para lucirte,   nunca debes a ensayar una receta nueva. Siempre es más seguro llevar algo que está muchas veces probado y comprobado que  sale bien y es rico. Pues con esta receta hice todo lo contrario.  Me comprometí a llevarla a un cumpleaños y nunca la había hecho hasta ese momento. Por suerte me salió muy bien y todo el mundo la alabó por lo sabrosa que era.


Es un pastel  muy rico, los arándanos  se abren  durante el horneado y transmiten a la ricota, un delicioso sabor y un delicado colorido.


Utilizar un molde de tarta alto de aprox. 25cms de diámetro:

Ingredientes
Masa
 250 g de harina común
1 pizca de sal
 150 g de manteca blanda
 100 g de azúcar
 1 huevo
 Cáscara de 1/2 limón rayado
 

Relleno
500 g de ricota
150 g de arándanos
75 g de azúcar
100 cc de crema de leche
2 huevos
Ralladura de cáscara de  limón.
Azúcar impalpable

Preparación
En un bol batir la manteca a temperatura ambiente con el azúcar, incorporar un huevo batido y mezclar hasta integrar. Agregar la harina tamizada,  junto con una pizca de sal,  amasando de forma suave con las manos enharinadas para unir.
Guardar la masa dentro de una bolsa de nylon en la heladera,  por lo menos por 30 minutos. Encender el horno.

Mezclar la ricota con los huevos previamente batidos, el azúcar,  y la ralladura de limón.


Pasar los arándanos por un poco de agua y luego un poco de harina (esta operación es necesaria para que los arándanos queden bien desparramados dentro de la mezcla). Agregarlos a la ricota mezclando muy suavemente.
Retirar la masa de la heladera, dividir en dos bollos.
Estirar el primero  sobre una superficie enharinada, forrar la tartera previamente enmantecada y enharinada (si es de teflón no es necesario y si la masa se rompe  remendar sin problemas). Cubrir con el relleno.

Estirar el 2do. bollo de masa de la misma forma y tapar el pastel. Pegar los bordes y recortar. Con un palillo hacer  3 ó 4 agujeritos a la masa de la superficie para que la preparación, respire durante el horneado y no se infle.



Hornear a temperatura media  por unos 30 minutos, hasta que la masa tome color doradito.
Dejar enfriar el pastel, llevar a la heladera y comerla recién luego de unas horas, siempre que pueda resistirse...



viernes, 9 de noviembre de 2012

Pastitas de almendras para el café

Mi Oma (abuela)  por costumbre, solía  tener siempre preparadas unas riquísimas masitas por si venía una visita. Entonces, servía un café acompañado de estas masitas caseras.
 Las guardaba en una lata redonda y baja (de esas que traen galletas tipo danesas). Se conservaban mucho tiempo y en perfecto estado. Cuando las visitas se iban, guardaba la lata en escondites secretos. Con mis hermanos no podíamos descubrir donde y aprovechábamos cuando ella dormía la  siesta,  para buscarla y si en una de esas,  la localizábamos, no quedaba ni una masita. Por lo cual nuestra Oma debía buscar nuevos escondites. Ese recuerdo, me quedó tan grabado que  yo también hago unas masitas, en este caso de almendras y las guardo en una lata muy similar.
Va la receta.



Pastitas de almendras  

Ingredientes
150 grs. de manteca
150 grs. de almendras molidas
100 grs de azúcar impalpable
1 huevo
250 grs. de harina común

Preparación
Procesar las almendras, cuidando de no pulverizarlas. Que queden trocitos pequeños de las mismas. Mezclar con la harina.



Aparte,  en un bol cortar la manteca en cubitos, deshacerla mezclando con el azúcar impalpable.


Agregar el huevo y mezclar. Incorporar  la harina con las almendras molidas.
Amasar bien rápido.


 Cuando el bollo esté formado,  llevar a la heladera por unos 30 minutos.
Retirar y cortar trocitos de masa.


Darles forma de pequeños bollitos y  con la mano aplastar cada uno hasta que quede chatito y de forma más o menos redonda (aprox. 1cm de espesor).


Cocinar en horno caliente (200 grados) unos 7 u 8 minutos. Enfriar y levantar con espátula (son muy crocantes). Guardar, si puede… en una lata cerrada. Servir con un rico café.


Nota: Si las desea más dulces puede agregar más azúcar impalpable a la masa o bien espolvorear por arriba, una vez horneadas.