lunes, 31 de enero de 2011

COCODRILO CON CELULAR

KIEV (AP).- El cocodrilo en "Peter Pan" era feliz escuchando el tic-tac del reloj despertador que se tragó, pero un cocodrilo en Ucrania no tiene tanta suerte. Gena, un cocodrilo de 14 años en el acuario de Dnipropetrovsk, se niega a comer y parece aletargado desde que tragó un teléfono celular que dejó caer la mujer que intentaba fotografiarlo.
Los empleados del acuario no le creyeron a Rimma Golovko, una madre veinteañera, cuando denunció que el saurio se había tragado su teléfono. "Pero entonces el teléfono empezó a sonar y el sonido venía del estómago de nuestro Gena, entonces comprendimos que no mentía'', dijo Alexandra.
Golovko dijo que fue culpa suya. Extendió el brazo para tomar una foto de Gena cuando abría la boca y dejó caer su teléfono Nokia al agua. Golovko está resignada a perder su teléfono, pero quiere recuperar la tarjeta SIM que contiene fotos y sus contactos telefónicos.
El problema es mayor para el cocodrilo, que no come ni mueve el intestino desde hace semanas y luce deprimido y dolorido.


 El veterinario jefe de Dnipropetrovsk, Oleksandr Shushlenko, dijo que le tomarán una radiografía la semana próxima si se niega a seguir comiendo. Una operación quirúrgica para retirar el teléfono sería el último recurso, ya que la curación de los reptiles es lenta.
 Fuente: Suplemento Radar, Página12

viernes, 28 de enero de 2011

UN CUENTITO HERMOSO!

La noche de los feos (Mario Benedetti)
Primer parte

Ambos somos feos. Ni siquiera vulgarmente feos. Ella tiene un pómulo hundido. Desde los ocho años, cuando le hicieron la operación. Mi asquerosa marca junto a la boca viene de una quemadura feroz, ocurrida a comienzos de mi adolescencia.

Tampoco puede decirse que tengamos ojos tiernos, esa suerte de faros de justificación por los que a veces los horribles consiguen arrimarse a la belleza. No, de ningún modo. Tanto los de ella como los míos son ojos de resentimiento, que sólo reflejan la poca o ninguna resignación con que enfrentamos nuestro infortunio. Quizá eso nos haya unido. Tal vez unido no sea la palabra más apropiada. Me refiero al odio implacable que cada uno de nosotros siente por su propio rostro.

Nos conocimos a la entrada del cine, haciendo cola para ver en la pantalla a dos hermosos cualesquiera. Allí fue donde por primera vez nos examinamos sin simpatía pero con oscura solidaridad; allí fue donde registramos, ya desde la primera ojeada, nuestras respectivas soledades. En la cola todos estaban de a dos, pero además eran auténticas parejas: esposos, novios, amantes, abuelitos, vaya uno a saber. Todos -de la mano o del brazo- tenían a alguien. Sólo ella y yo teníamos las manos sueltas y crispadas.

Nos miramos las respectivas fealdades con detenimiento, con insolencia, sin curiosidad. Recorrí la hendidura de su pómulo con la garantía de desparpajo que me otorgaba mi mejilla encogida. Ella no se sonrojó. Me gustó que fuera dura, que devolviera mi inspección con una ojeada minuciosa a la zona lisa, brillante, sin barba, de mi vieja quemadura.

Por fin entramos. Nos sentamos en filas distintas, pero contiguas. Ella no podía mirarme, pero yo, aun en la penumbra, podía distinguir su nuca de pelos rubios, su oreja fresca bien formada. Era la oreja de su lado normal.

Durante una hora y cuarenta minutos admiramos las respectivas bellezas del rudo héroe y la suave heroína. Por lo menos yo he sido siempre capaz de admirar lo lindo. Mi animadversión la reservo para mi rostro y a veces para Dios. También para el rostro de otros feos, de otros espantajos. Quizá debería sentir piedad, pero no puedo. La verdad es que son algo así como espejos. A veces me pregunto qué suerte habría corrido el mito si Narciso hubiera tenido un pómulo hundido, o el ácido le hubiera quemado la mejilla, o le faltara media nariz, o tuviera una costura en la frente.

La esperé a la salida. Caminé unos metros junto a ella, y luego le hablé. Cuando se detuvo y me miró, tuve la impresión de que vacilaba. La invité a que charláramos un rato en un café o una confitería. De pronto aceptó.

La confitería estaba llena, pero en ese momento se desocupó una mesa. A medida que pasábamos entre la gente, quedaban a nuestras espaldas las señas, los gestos de asombro. Mis antenas están particularmente adiestradas para captar esa curiosidad enfermiza, ese inconsciente sadismo de los que tienen un rostro corriente, milagrosamente simétrico. Pero esta vez ni siquiera era necesaria mi adiestrada intuición, ya que mis oídos alcanzaban para registrar murmullos, tosecitas, falsas carrasperas. Un rostro horrible y aislado tiene evidentemente su interés; pero dos fealdades juntas constituyen en sí mismas un espectáculos mayor, poco menos que coordinado; algo que se debe mirar en compañía, junto a uno (o una) de esos bien parecidos con quienes merece compartirse el mundo.

Nos sentamos, pedimos dos helados, y ella tuvo coraje (eso también me gustó) para sacar del bolso su espejito y arreglarse el pelo. Su lindo pelo.

"¿Qué está pensando?", pregunté.

Ella guardó el espejo y sonrió. El pozo de la mejilla cambió de forma.

"Un lugar común", dijo. "Tal para cual".

Hablamos largamente. A la hora y media hubo que pedir dos cafés para justificar la prolongada permanencia. De pronto me di cuenta de que tanto ella como yo estábamos hablando con una franqueza tan hiriente que amenazaba traspasar la sinceridad y convertirse en un casi equivalente de la hipocresía. Decidí tirarme a fondo.

"Usted se siente excluida del mundo, ¿verdad?"

"Sí", dijo, todavía mirándome.

"Usted admira a los hermosos, a los normales. Usted quisiera tener un rostro tan equilibrado como esa muchachita que está a su derecha, a pesar de que usted es inteligente, y ella, a juzgar por su risa, irremisiblemente estúpida."

"Sí."

Por primera vez no pudo sostener mi mirada.

"Yo también quisiera eso. Pero hay una posibilidad, ¿sabe?, de que usted y yo lleguemos a algo."

"¿Algo cómo qué?"

"Como querernos, caramba. O simplemente congeniar. Llámele como quiera, pero hay una posibilidad."

Ella frunció el ceño. No quería concebir esperanzas.

"Prométame no tomarme como un chiflado."
"Prometo."
"La posibilidad es meternos en la noche. En la noche íntegra. En lo oscuro total. ¿Me entiende?"
"No."
"¡Tiene que entenderme! Lo oscuro total. Donde usted no me vea, donde yo no la vea. Su cuerpo es lindo, ¿no lo sabía?"

Se sonrojó, y la hendidura de la mejilla se volvió súbitamente escarlata.

"Vivo solo, en un apartamento, y queda cerca."

Levantó la cabeza y ahora sí me miró preguntándome, averiguando sobre mí, tratando desesperadamente de llegar a un diagnóstico.

"Vamos", dijo.

2
No sólo apagué la luz sino que además corrí la doble cortina. A mi lado ella respiraba. Y no era una respiración afanosa. No quiso que la ayudara a desvestirse.

Yo no veía nada, nada. Pero igual pude darme cuenta de que ahora estaba inmóvil, a la espera. Estiré cautelosamente una mano, hasta hallar su pecho. Mi tacto me transmitió una versión estimulante, poderosa. Así vi su vientre, su sexo. Sus manos también me vieron.

En ese instante comprendí que debía arrancarme (y arrancarla) de aquella mentira que yo mismo había fabricado. O intentado fabricar. Fue como un relámpago. No éramos eso. No éramos eso.

Tuve que recurrir a todas mis reservas de coraje, pero lo hice. Mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco de horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia. En realidad mis dedos (al principio un poco temblorosos, luego progresivamente serenos) pasaron muchas veces sobre sus lágrimas.

Entonces, cuando yo menos lo esperaba, su mano también llegó a mi cara, y pasó y repasó el costurón y el pellejo liso, esa isla sin barba de mi marca siniestra.

Lloramos hasta el alba. Desgraciados, felices. Luego me levanté y descorrí la cortina doble.

miércoles, 26 de enero de 2011

Budín de pan

 Hay cientos  de recetas de budín de pan pero esta es la de mi familia

INGREDIENTES
500grs  de pan del día anterior
750cc leche
4 huevos o más (más huevos queda más tipo flan)
10 cucharas de  azúcar
100grs pasas de uvas (a mi no me gustan y no las pongo)
50grs nueces picadas
esencia de vainilla ó ralladura de limón

Varios
azúcar y agua para el caramelo
crema o dulce de leche (opcional) para acompañar

MODO DE PREPARACIÓN:
Quitar muy bien la corteza al pan. Cortarlo en trozos pequeños y dejar remojando en la leche un rato. Luego agregar el azúcar, esencia o ralladura de limón, los huevos, las nueces picadas y por último las pasas. Mezclar bien.
Aparte  acaramelar abundantemente, una budinera y  colocar en ella la preparación anterior.
Cocinar en horno, a baño  Maria, hasta que este firme. Una vez frío desmoldar y servir solo con el caramelo o con un copo de crema o dulce de leche.

martes, 25 de enero de 2011

TORTA HARAGANA EMILIA


En nuestra familia es costumbre que las recetas que son especialidad de alguno de sus miembros, lleven su nombre. Por ejemplo tenemos una “Carne a la Juanita” famosa porque la hacía la tía Juanita y a ella le salía muy sabrosa.(la voy a publicar más adelante). Por eso esta torta se llama:
“TORTA HARAGANA” DE EMILIA

Haragana, porque Emi decía que era tan fácil hacerla, que parecía hecha para perezosos.


Ingredientes relleno
6 manzanas verdes cortadas en tajadas finitas.
½ taza de azúcar.
½ taza de nueces picadas.
Canela y pasas de uva a gusto.
Mezclar todos los ingredientes y dejar macerar un rato.

Ingredientes masa
1 taza de harina leudante.
½ taza de azúcar.
100 grs. de manteca.
Hacer un granulado con los ingredientes de la masa

Acomodar en una bandeja para horno, una capa de granulado, otra de manzanas y así sucesivamente. Terminar con capa de granulado.
Aparte batir 2 huevos con ½ taza de leche y verter arriba de la última capa de granulado. Cocinar a horno mediano hasta que esté a punto.
Se puede servir tibia con una bola de helado de vainilla, con crema sola o chantillí. También es muy rica fría.

viernes, 21 de enero de 2011

Historias de vida - Epílogo

El viaje continuó todavía un poco más. Fuimos hasta Jujuy y luego emprendimos el regreso. El DK siempre que paraba había que empujarlo, pero llegó a Buenos Aires. Aunque no lo crean,  luego de este viaje lo tuvimos como dos años más.
Marce no consiguió trabajo en este viaje, pero muchas veces a lo largo de su carrera intentó ver si podía trabajar en el interior. En cambio, consiguió un trabajo en el Servicio Universitario de Salud (SUS), dedicado a la atención de la salud de los alumnos de la Universidad de Buenos Aires.
Alex finalmente lo logró en Tucumán, donde trabajo y vivó durante un año. Luego volvió a Buenos Aires.
Hicimos muchísimos viajes más todos juntos, pues luego se agregaron los hijos. Alex y Moni tuvieron tres varones y nosotros dos nenas. Eso no nos impidió seguir con nuestras aventuras.
En esta foto están los cinco hijos, en otro viaje de esos “imborrables”.


Hasta pronto!!