miércoles, 5 de marzo de 2014

LA CEREZA DE TÍA MARTA.

Tarta de Cerezas


La casa de la tía  Marta tenía un hermoso parque y en él había varios árboles importantes. Un  enorme y viejo pino,  un sauce llorón del cual colgaba una hamaca, una antigua higuera que proveía a toda la familia de unos ricos higos en almíbar que preparaba la propia tía Marta. También había ciruelos, naranjas, limonero, un cantero dedicado a hierbas aromáticas: perejil, orégano, menta, salvia... Una verdadera delicia que toda la familia disfrutaba. Para qué el relato  fuese completo habría que agregar la variedad de flores: jazmines, rosas, hortensias, margaritones... Y una parrilla donde se hacían  unos asados increíbles.

Pero desde hacia un tiempo el parque de tía Marta tenía una novedad. Había plantado un cerezo. El clima de Buenos Aires no es nada propicio para ese tipo de árbol.  Aunque por algún extraño milagro, el cerezo creció. Se hizo un arbolito. Un buen día se llenó de flores de cerezas. Todos lo observábamos y seguíamos la evolución con curiosidad.

Se cayeron todas las flores!  ¡Que pena! Era lo previsto. ¿Cuándo  se había visto crecer cerezas en Buenos Aires? Pero un día que fuimos de visita, Marta nos llevó a ver la última novedad muy contenta. Había quedado una, una sólita y solitaria flor que no se había caído y ahora era una pequeña cereza.

Atentos seguimos día a día el crecimiento del preciado fruto. La cerecita se iba transformando en una bella y gran cereza. La mirábamos con respeto y nadie se permitía  siquiera tocarla. 



Dio la casualidad que uno de esos días, la tía Marta hizo una reunión en su parque y la cereza estaba a punto. Éramos  unos cuantos rodeando al pequeño arbolito con su única cereza y alguien dijo:
- ¿Le sacaron una foto?
Otro respondió:
 - No aún no. Voy a buscar la cámara.
 En ese preciso instante, se acercó una niñita de unos 4 o 5 años, nos vio a todos alrededor del árbol. Miró fijamente a la cereza: grande, roja, apetitosa, a punto y antes que alguien pudiera reaccionar, la arrancó con un rápido movimiento, la llevó a la boca y se la comió.
Fue tan instantánea su acción, que nadie se atrevió a decirle nada, además ya era demasiado tarde pues se la había comido.

Toda esta historia viene a cuento de que compré unas cerezas preciosas venidas del sur de nuestro país y al comenzar a buscar una receta para hacer una tarta, me acordé de la cereza de la tía Marta.



Buceando en Internet, encontré este hermoso blog con muchas recetas y justo la que yo buscaba. Por eso aviso que esta no es creación mía para nada, es copia fiel, salvo las fotos, que sí las fui sacando mientras la iba haciendo.

http://www.dulces-y-panes.com/2012/07/tarta-de-cerezas.html
Ingredientes
Masa quebrada
- 200 g. de harina de trigo
- 60 g. de azúcar
- 60 g. de mantequilla a temperatura ambiente
- 1 huevo

Crema pastelera
- 250 ml leche semidesnatada
- 2 yemas de huevo
- 50 g de azúcar
- 2 cucharadas colmadas de harina de maíz (maicena)
- la corteza de medio limón
- canela en rama

Cerezas confitadas
- 500 g. de cerezas picotas
- 3 cucharadas de azúcar
- 50 ml de agua
- 50 ml de moscatel o mistela
- una hoja de gelatina


Preparación
Masa quebrada
1. Batir la mantequilla con el azúcar.
2. Añadir el huevo y la harina y mezclar bien hasta obtener una masa homogénea.
3. Formar una bola, envolver en film transparente e introducir en el frigorífico durante al menos 1 hora para que gane firmeza.

Crema pastelera
1. Calentar en un cazo 200 ml de leche con la corteza de limón y un trocito de canela en rama, sin dejar que hierva.
2. Mezclar las yemas de huevo con el azúcar, la harina y los 50 ml de leche restantes.
3. Verter la mezcla anterior sobre la leche caliente (habremos retirado la corteza de limón y la canela), removiendo continuamente. Calentar sin que llegue a hervir y sin dejar de remover hasta que espese.
4. Traspasarla a un bol y taparla con film transparente para evitar que se reseque por encima.
5. Dejar enfriar.

Cerezas confitadas
1. Cortar las cerezas por la mitad y retirar el hueso.
2. Ponerlas en un cazo con el azúcar y el agua y calentar hasta que empiece a hervir, removiendo de vez en cuando.
3. Añadir el moscatel y dejar cocer hasta que las cerezas estén tiernas, unos 30-45 minutos (el tiempo variará en función del grado de madurez de las cerezas).
4. Dejar enfriar.




La tarta
1. Sacar la masa del refrigerador y estirarla con el rodillo.
2. Cubrir con la masa un molde bajo de unos 20 cm de diámetro. Pincharla repetidas veces con un tenedor y colocar papel de aluminio cubriendo totalmente la masa y apretando bien. De esta forma conseguiremos que no pierda la forma y no se queme durante el horneado.






3. Hornear a 180ºC durante 20 minutos, los últimos 5 minutos retirar el papel de aluminio para que se dore la superficie.
4. Desmoldar y dejar enfriar sobre una rejilla.
5. Colocar la base de masa quebrada en el plato donde se vaya a servir y cubrir con la crema pastelera. 





6. Reservar en la nevera.
7. Escurrir las cerezas sobre papel absorbente y colocarlas sobre la crema.





8. Poner la gelatina en remojo con agua fría y disolverla a continuación en el sirope caliente que habremos obtenido durante la cocción de las cerezas.






9. Cubrir la tarta con esta gelatina y reservar en la nevera hasta el momento de servir.



Sugerencias

· Para que las cerezas tengan más sabor lo mejor es prepararlas el día anterior y dejarlas macerar toda la noche en la nevera.
·
 Si no os gustan las cerezas, también podéis prepararla con manzanas golden o melocotones de viña.

sábado, 1 de marzo de 2014

Pulpitos con arroz

Para hacer esta comida hay que llegarse hasta Piedras Coloradas,  Provincia de Río Negro, Argentina. Es una hermosa y solitaria o más bien, poco concurrida  playa de enormes piedras coloradas.



Allí, después que baja la marea, entre las piedras se descubren increíbles estrellas de mar, caracoles, pero sobre todo muchos pulpitos.


 Los recolectores son habitantes de la zona que van a buscarlos y luego los venden a los turistas.


Yo compré una bolsa con 1 kg de ellos (entraron 21 pulpitos), pero no tenía idea de como prepararlos y los mismos pescadores de la zona, me dijeron como.




Pulpitos con arroz

Ingredientes
1kg de pulpitos recién capturados
1/2 kg de arroz
1 caja de tomates triturados
1 cebolla
1 ají verde
1 diente de ajo
Aceite de oliva
1 vaso de vino tinto
Caldo o agua cantidad necesaria
Condimentos a gusto ( ají molido o pimienta molida, laurel, etc.)
Optativo : queso rallado

Preparación
Lavar varias veces los púlpitos con agua fría. Varios enjuagues. Luego se colocan en una olla directamente con el agua fría cubriéndolos. Así van al fuego. Cuando comienza a hervir el agua, se cuenta entre 10 a 15 minutos, que es lo que debe durar la cocción. Se puede probar para ver que este cocido. Colarlos y reservarlos.

Aparte,  rehogar una cebolla picada, un diente de ajo picado, un ají verde cortado en cuadraditos. Agregar el arroz y dorarlo.




 Incorporar la pulpa de tomate, el vaso de vino y condimentar a gusto. En ese momento introducir los púlpitos ya hervidos y cocinar mezclando todo. 



Agregar durante la cocción el caldo o agua necesaria,  hasta que el arroz esté a punto.  Tapar la cacerola y dejar reposar.



Servir en los platos y si se desea, espolvorear con  algo de parmesano u otro queso rallado sobre el arroz. Exquisito!!

sábado, 8 de febrero de 2014

Torta de café, chocolate y nueces

Hace unos días festejé mi cumpleaños. Cumplí unos cuantos e hicimos algo bien simple y lindo con la familia directa en pleno. Más no se puede pedir…
En la torta me pusieron todas las velitas  y ahí caí en la  cuenta de la cantidad de años que cumplía, puesto que: ¿La torta era pequeña o había demasiadas velitas?


Cuando comenzaron a encenderlas temí que se prendiera fuego algo de la casa. ¡¡Eran muchas!!


Los niños más pequeños fueron los que las apagaron, pero en su ansiedad no esperaban a que estuviesen todas encendidas. Entonces había que volver a prenderlas y yo no podía quitarme el temor de que algunos  se quemasen. Es que me acordaba que cuando mi suegra cumplió 80 años, también  le habían hecho una torta. Estaba íntegramente cubierta de chocolate y  colocaron las 80 velitas. Cuando lograron prenderlas a todas, se incendió la torta, pues se produjo una gran llamarada. Lograron apagarla, pero se derritieron las 80 velitas arriba del chocolate y quedó espantosa!!
Habían decidido tirar la torta a la basura y entonces apareció una tía voluntariosa y hacendosa, de esas que nunca faltan en una familia, que dijo:
─ Antes de tirarla permítanme hacer una prueba.
Con mucha paciencia y una cuchilla afilada,  descascaró toda la torta, quitando el chocolate y la cera de las velitas. Era una torta enorme y la pobrecita quedó como desvestida, desnuda… pero igual estaba muy rica y  nadie la rechazó.


Durante  mi cumpleaños, la torta no llegó a incendiarse porque por suerte los niños la iban apagando y como compensación apagué como 15 velitas menos de la edad que cumplí. Por lo cual parezco 15 años más joven que mi verdadera edad.

Ingredientes (para una torta bien grande)
200 grs. de manteca
2 tazas de azúcar
3 huevos
Ralladura de naranja 
3 y  1/2 tazas de harina leudante
½ taza de cacao amargo
1 y 1/ 2 tazas de leche
½ taza de café preparado bien fuerte
70 grs. de nueces picadas
Algunas cascaritas de naranja, secas
Nota: Utilizo siempre la misma taza para las medidas (taza grande).


Preparación
Batir la manteca previamente blanda, con el azúcar y la ralladura. Incorporar los huevos. Mezclar. Agregar alternando entre ambos, la leche y el café, más la harina leudante mezclada con el cacao.  Por último, agregar las nueces y las cáscaritas de naranjas.

Enmantecar y enharinar un molde  redondo para torta.

Cocinar en horno moderado unos 50 a 60 minutos aprox. Decorar a gusto, o espolvorear con azúcar impalpable. Muy Rica!!

miércoles, 29 de enero de 2014

La casa del médano o como cocinar rico con casi nada

Bajamos del taxi  en la puerta de una casa grande y bonita, pero en una zona que  se veía agreste. 


Poca infraestructura, calles de arena,  apenas marcadas y  alrededor muchos médanos. 


Habíamos alquilado una casa a último momento  a unos conocidos de otros conocidos. Lo único que sabíamos era que estaba a unos 80 metros del mar. 


Pero la primera sorpresa fue  que teníamos como vecino a  un médano. Si, todo un costado de la casa daba a un médano.


Si me recostaba en la galería, veía  al médano,  si abría el ventanal de mi dormitorio, veía un pedazo del médano y luego cocinando también lo veía a través de la ventana. 


Era pequeño respecto a otros que se encontraban en la zona y retenía bastante  al viento que venía del mar en los días muy ventosos. Nuestros mares del sur de América se caracterizan por tener amplísimas playas de arena fina, pero  con días de bastante viento. Es un mar de llanuras, de pampa.

En la casa no había Internet, ni televisión y gran parte del tiempo no tenía señal de celular.  Solo radio, música y libros. No llegaba el periódico y para comprar alimentos, había que recorrer unos cuantos kilómetros en auto. Pero, he aquí la cuestión. Nuestro automóvil se rompió en el camino durante el viaje de ida. Lo tuvimos que dejar  en un taller mecánico a 140 kms del lugar, de ahí nuestro arribo a la casa en taxi. Teníamos para unos  días hasta su reparación.


Entonces me planteé:
¿Podré estar 15 días (tiempo que duraba el alquiler de la casa) desconectada de todo? ¿Podré vivir dos semanas  sin tecnología?
Los dos primeros días debo confesar que me deprimí un tanto, no era consciente de mi dependencia tecnológica y consumista. Lo único que había a unos 6oo metros de arena y médanos, era un pequeño almacén que vendía algunos productos muy poco variados y bastante caros. No tenían verduras, ni frutas,  ni carnes. Habituada  a cocinar con gran variedad de vegetales, semillas, frutas… me sentía desamparada.


Fue ahí que comencé a sentarme en la galería a  observar al médano, que hasta el momento lo miraba desde cualquier ventana de la casa, pero no le prestaba mucha atención.  Soy de esta región y los he visto durante toda mi vida, pero nunca había convivido con uno. Observé que tenía una contra,   tapaba la visión directa del mar, pero a su vez  una ventaja, y es  que era como una pared. Me protegía del viento, de la curiosidad de los paseantes y prestaba una intimidad y un cobijo muy particular a toda la casa.


El médano, cubierto de plantas y pastos agrestes, tenía su propia vida. Los vientos modificaban la capa externa de arena y sé, por haberlo leído alguna vez, que se mueve, se desplaza. Quizá la cantidad de años que tendría mi médano... Digo “mí”, pues comencé a tomarle cariño y le puse nombre, lo bauticé Don Médano, dado el respeto que me inspiraba.
Así que durante muchas horas Don Médano y yo compartíamos experiencias. 



Él tenía sus visitantes: pájaros, niños que se trepaban y luego rodaban por su ladera arenosa y  un día hasta recibió a un  Búho, que se estuvo  largo rato parado mirándome.


Pero a los médanos no  los cuidan, por el contrario los destruyen. Edifican casas encima o simplemente los derriban en aras del progreso. Tiran basura en cualquier parte y luego el viento la deposita sobre sus plantas…  Nosotros al nuestro,  lo limpiábamos. Si veíamos una botella plástica  o bolsas de nylon,  las quitábamos, aunque pensábamos lo inútil de esa  tarea, pues Don Médano correría a la larga el mismo trágico destino de otros en cuanto  alguien nomás,  eligiera construir en ese lugar.

Pero  mientras tanto mirando la paz con que él vivía,  decidí que mi actitud un tanto de enojo, tenía que  cambiar.  ¿No tendría variedad de alimentos por varios días? Pues me arreglaría y cocinaría comida para la familia con lo que vendiera el almacencito. ¿No había Internet ni TV? No escribiría mails, no navegaría y no me enteraría las noticias del mundo. ¿No había señal de celular? Pues por unos días no hablaría por TE.

Fui al "almacén/shoping" y monitoreé de un vistazo que podía cocinar con lo que allí ofrecían. Después de todo este es un blog de comidas con historias. ¿No?
Haría: fideos secos con manteca y queso. Fideos con salsa blanca y huevos duros, gratinados. Vendían  hamburguesas y salchichas, también papas y cebollas.
Un revuelto de salchichas papas, cebollas y huevo. Ensalada de lentejas y huevos duros, huevos fritos,  pasados por agua, posché. Arroz  frío con caballa y aceitunas, arroz con manteca y hamburguesa, tarta de jamón y queso, arroz con salsa blanca… y comenzaron a surgirme cientos de recetas, aunque sin verduras y sin frutas, pero era solo por unos pocos días. Si querían postre, podía ser un queso y dulce, un flancito y había yogures!!! No estaba tan mal después de todo.

Mientras cocinaba,  por el amplio ventanal de la cocina saludaba a Don Médano y le agradecía la paz por estos días descontaminados de tecnología y consumismo.


Ahh… en la playa conseguí que un pescador me vendiera un hermosa brótola que la asamos a la parrilla de carbón y la acompañamos con papas a las brazas con manteca en el medio. ¡¡Riquísima!!

lunes, 13 de enero de 2014

Superstición

Según diccionario: Creencia que no tiene fundamento racional y que consiste en atribuir carácter mágico u oculto a determinados acontecimientos: es una superstición creer que pasar por debajo de una escalera trae mala suerte. 
Respeto o miedo excesivo a las cosas desconocidas o misteriosas.

Relato
Habrá familias que no son supersticiosas, pero no era el caso de la mía precisamente.
Este relato nace a raíz de que  iba caminando por una vereda con otra persona, mientras  manteníamos una animada conversación. De pronto me frené abruptamente. Mi compañera me miró y dijo:
─ ¿Qué te  pasa?
─ Nada. Pero yo cruzo por la calle ─ respondí ─ Es que no paso por debajo de escaleras.
Había una gran escalera que apoyaba sobre el frente de un negocio, y la única forma de seguir caminando era pasar por debajo.
─ ¿Por qué? ─ preguntó asombrada.
─ Trae mala suerte. ─ respondí un tanto avergonzada de mostrar al desnudo una de mis debilidades.


Para colmo agregó:
─ Pero Gely, no me digas que vos sos supersticiosa…
Se que no doy ese perfil, soy exageradamente racional, lectora ávida, hasta  hice la universidad en ingeniería, aunque a esta altura estoy convencida que eso no influye. Nadie que no me conozca a fondo,  creería que esas cosas puedan afectarme. Pero lo hacen.


Provengo de una familia, donde  estando sentados a la mesa y si, sin querer alguien volcaba su copa de vino, nuestra madre en vez de retarnos, rápidamente empapaba sus dedos en el vino derramado y nos mojaba la frente, diciendo:
─ ¡¡Es suerte, es suerte!!
Si se caía la sal, tomaba unas pizcas de la misma y las echaba por arriba de un hombro. Eso era para evitar la “mala suerte”.  Siguiendo con la mesa, si alguien pedía:
─ ¿Por favor me pasas la sal?
La alcanzaban, pero nunca en tu mano. Se  dejaba  el salero al lado de tu plato, apoyado en la mesa, para que no  atraiga a “la mala suerte”.
Lo mismo con supersticiones callejeras. Por ejemplo, si ibas caminando y a lo lejos veías un gato negro, no tenías que dejar que te cruce por delante.  Desviabas el camino o corrías para cruzar antes que él, porque eso si que traía “mala suerte”.


Si jugabas en la calle y justo pasaba un cortejo fúnebre, parabas de jugar y buscabas tocar “madera sin patas”, para que la muerte no te llegara a vos.

Si alguien te echaba una maldición, rápidamente había que cruzar los dedos índices y mayor de ambas manos, para que la maldición rebotara en el otro.


 Buscábamos un trébol de 4 hojas, que eran rarísimos de encontrar, pero "traían suerte".


Así unas cuantas más, incluida el no pasar por debajo de una escalera o,  la “mala suerte” del martes 13: No te cases ni te embarques…

He luchado a lo largo de mi vida para no hacerme eco a estas irracionalidades, pero es más fuerte que yo. Algo muy interno domina mis razonamientos y cumplo la cábala ancestral.
Las brujas no existen, pero que las hay las hay…

jueves, 9 de enero de 2014

Verduras crudas, entrada para verano

Liviana y fresca. Una hermosa entrada o picada vegetariana. Rica,  fácil de preparar y de bajas calorías. La hizo mi hija para la calurosa nochebuena que pasamos en Buenos Aires. 


Ingredientes
Zanahorias peladas.
Pepinos frescos.
Apio fresco
Rabanitos
1 pote de queso blanco diet
Cebollín o cebolla de verdeo picada muy chiquita
Mayonesa diet, mostaza.
Aceite de oliva
Aceto, sal, pimienta molida.
Optativo:
Alcaparras

Preparación
Lavar las verduras, cortarlas en bastones alargados y colocarlas en un recipiente alto para que se vean bonitas.
Salsas
Vinagreta: Aceite de oliva, sal, aceto.
De queso: Queso blanco, cebollín, pimienta molida y sal.
De mayonesa: mayonesa, una cucharita de mostaza y si desea alcaparras picadas.


Cada comensal elige el vegetal que le gusta y lo empapa de la salsita que le atraiga. A mi me gustan las tres. Buen apetito!!

viernes, 3 de enero de 2014

Un fin de año muy especial o “Un par de tontos”

Con  mi marido, -supongamos que se llama Mario-  decidimos pasar un fin de año distinto. Ir solos a un lugar de la Costa Atlántica y festejar la llegada del año nuevo allí. Tranquilos, en un lindo hotel,  con un brindis en el balcón  mirando el mar. Para ello salimos de casa  el 29 de diciembre, tanto como para disfrutar un poco la playa antes del festejo.
Unos 15 días antes,  desde Buenos Aires,  elegimos un hotel con vista al mar. Para el 31 de diciembre la idea era cenar en un restaurante y  luego en  el hotel a las 12 de la noche, brindar con un rico Champagne.  

Nos decidimos por  una playa a la cual hacía muchísimos años que no íbamos: San Clemente del Tuyú. 


Precisamente elegimos ese lugar pues  queda a tan solo 350 Km. desde la capital. En 4 ó 5 horas se llega manejando tranquilo. (Tardamos  9 hs., ya que todo el mundo tuvo la misma idea que nosotros).


Nos habían dicho que la ciudad estaba cambiada,  con novedades que no conocíamos.
Hicimos playa, caminatas y recorrimos algunos lugares muy lindos verdaderamente cambiados: Punta Rasa, antiguamente llamada Tapera de López era uno de ellos. 
Ese lugar está lleno de jóvenes que hacen desde jet-ski,  wind-surf y kite surf. Cientos de ellos y a medida que uno se va acercando, se ven en el cielo como si fueran pájaros. 


Un hermoso espectáculo. 



Hicimos varios paseos más.


Solamente nos quedaba  visitar las Termas Marinas, que se instalaron hace  pocos años. Por eso, el mismo día 31 a la tarde,  cuando bajó el sol, fuimos a conocerlas.

Las Termas, fueron construidas en terrenos aledaños al Faro y  este quedó dentro de las  mismas.


Luego de recorrer un camino de arena en malas condiciones (bastante serrucho y pozos), que iba por el  medio del campo y donde solo había pastizales, llegamos al atardecer. Las termas estaban cerradas, pensamos que a causa del feriado de fin de año. Pero a un costado de la entrada principal,  había un camino que decía “Entrada para Proveedores”.  Por  curiosos, accedimos a ese camino para mirar nada más  antes de volver  a la ciudad.


Ni bien entramos nos entusiasmamos con la belleza del bosque que rodea la zona. Paramos varias veces a sacar fotos. 




A medida que pasábamos con el coche por las distintas piscinas, veíamos que estaba todo cerrado. Las sillas y reposeras dadas vuelta, las mesas amontonadas. Pasamos por un restaurante, cerrado. Una heladería, cerrada. Piletas cubiertas,  cerradas y por donde íbamos estaba cerrado. No había una sola persona. El lugar era muy grande, supongo que de varias hectáreas, así que llegamos al Faro y nadie. 



Sacamos varias  fotos  y subiendo  al coche, dije:
- Volvamos que está cayendo el sol.
 Manejamos hasta el camino por el cual ingresamos y nos encontramos frente a un  portón de hierro enorme,  de no menos de 3 metros de altura, que no habíamos visto al entrar. Se ve que  al estar abierto, quedaba oculto dentro de la vegetación. Pero ahora  estaba cerrado y si lo veíamos muy bien. Bajamos del coche e intentamos abrirlo. No había forma. Entre las plantas que estaban al costado, divisamos una caja que parecía el llamador de un portero eléctrico. Con algo de preocupación, comencé a pulsar el llamador y a decir:
─ ¡Hola! Hola… ─ No hubo respuesta
─ Volvamos para atrás que ví  un cartel de INFORMES  ─ dije.
Retrocedimos con el coche y encontramos el edificio de informes.
Me puse muy contenta pues estaba la puerta abierta, había luz adentro y al costado, estacionada una camioneta.
─ Bueno ─ dijo Mario ─ por lo menos está el cuidador.
Bajé. Entré a la sala y ví un monitor con las imágenes de los portones, ahí me enteré de que eran “dos” y muy grandes. Había también una central telefónica y varios teléfonos más, pero sin gente. A un costado estaban las llaves de la camioneta.
─ Hola… ¿Hay alguien? Queremos salir y está cerrado el portón… Hola… Hola… ─ Nada, silencio total.
Vino Mario y  dije:
─ Este lugar está vacío. Aquí no hay nadie.
Comenzamos a llamar ambos. Nos fuimos metiendo cada vez más en el interior de lo que parecía la vivienda del cuidador.
Convencidos de que no había nadie allí, salimos a recorrer los edificios de alrededor: Un taller donde se arreglaban calderas, un Chalet donde decía Servicios Médicos. Todo  cerrado y deshabitado. Volvimos a la oficina  y me dice Mario:
─ Llamemos a nuestro hotel.
─ Uyy… No traje el celular
─ Usemos el teléfono de aquí ─ me dijo
─ ¿Pero que le decimos a la gente del hotel? ¿Que estamos encerrados en un parque termal y no sabemos como salir?
─ Que llamen a la policía o a alguien…─ dijo con voz preocupada.
Comenzamos a querer marcar el número. La centralita tenía un código
qué no conocíamos y  no nos daba línea.
─ ¡¡Ayy!! – dije ─ ¿Qué  hacemos ahora? Es la noche de fin de año…
─ Bueno. No es tan terrible. Este hombre - por el cuidador-  se debe haber ido a festejar,  dejó todo abierto y tal vez venga mañana ─ dijo Mario.
─ ¿Mañana? ¡Pero nos quedamos sin cenar!
Empezaron a encenderse las luces en las calles, aunque aún había claridad
─ Vos esperáme aquí. Yo voy a ver por el otro portón─ dijo
Al rato veo a lo lejos, unos 80 metros, que Mario sale por unos molinetes estrechos y altos que estaban pegados al portón principal.
Me grita:
─ Se puede saliiir… pasando por el molinete se saleeee...
 ─ ¿Pero y que hacemos con el cocheee? ─ grito yo
─ Dejemos el coche y nos vamos…
─¿Estás loco? ¿Tenes idea de cuantos km hay hasta la ciudad?   Por ese camino no pasa ni un alma. ¿¿ A que hora llegaríamos?? ¿¿ En que condiciones??
Entonces,  Mario quiere volver a entrar y el molinete no lo permite. Solo era para salir. Él estaba afuera,  el coche y yo, adentro.
A esa altura, todo mi proyecto de pasar un “fin de año tranquilo se había ido al diablo”. Lo iba a pasar sola,  en el coche y sin ninguna cena. Estaba diciendo en voz alta todo eso, cuando veo a lo lejos a mi marido trepando por el portón, que aparte de ser muy alto, terminaba en unas puntas de hierro que parecían lanzas.
─ ¡¡Te vas a caeeer!! ¡¡ Te vas a quebrar una piernaaa!! ─ gritaba yo desde mi puesto.
 ¡¡No somos jóvenes!!
 Yo pensaba: “lo único que falta es que se quiebre una pierna y aquí ni un alma…”
Mario pasó hacía el interior del portón y desde allí, se lanzó y con tanta suerte, que no se cayó.

Otra vez empezamos a recorrer con el coche toda la zona, llegamos al faro y dije:
─ Aquí sí tiene que haber alguien. ¡¡Es un faro!!
 La casilla del vigilante estaba cerrada. Otra vez a los gritos:
─ Hola… Hola… ¿¿Donde están?? ¿¿Hay alguien aquiii???
Volvimos a la oficina de informes y tocamos varios botones de todos los controles que se veían en un tablero, para ver si abría uno  de los portones. Inútil.
Ya cansados y resignados nos sentamos en el coche y dije:
─ ¡No lo puedo creer… Estamos en este lugar enorme, hermoso, solos y encerrados!  Un 31 de diciembre a pocas horas de Fin de Año.
 Las maldiciones salían de mi boca sin querer.
─ No puede ser, en algún lado tiene que haber una salida. Recorramos de nuevo todo el predio ─ insistí

Pero realmente no la había y así estábamos  andando con el coche de un lado para otro, cuando de pronto,  vemos a un hombre que cruza una calle en la zona de piscinas. Le tocamos bocina y gritamos como dos enloquecidos:  
─ ¡Espere!! ¡¡Por favor espere!!
Cuando paramos a su lado, el hombre con  cara de asombro, dijo:
─ ¿Pero ustedes que hacen aquí? ¿Como entraron? ¿Por qué? Hoy está cerrado.
─ Por la puerta de proveedores –respondí yo, tímidamente ─ Solo deseábamos ver cómo eran las termas. El portón se cerró, queremos irnos,  pero no podemos.
Nos miró como diciendo estos dos están chiflados.
─ Vayan hasta el portón que les abro.
Cuando llegamos,  pulsamos el portero eléctrico y ahora sí, el pesado portón comenzó a deslizarse y salimos hacia la libertad…

Se hacía de noche y aún debíamos ir al hotel y cambiarnos, pero yo estaba tan nerviosa que cuando llegamos a la ciudad, dije:
─ Necesito tomar un café para relajarme unos minutos. Paramos en un lugar muy lindo que estaba aún vacío, pero muy  adornado y todo listo para festejar el fin de año. Me acerco al mostrador y  pido por favor que me preparen un café. Fue en ese momento que escucho:
- ¡¡Gely!!! ¿Cómo te va?
Era el ex esposo de una prima mía, con quién habíamos tenido mucha relación en otros tiempos. Nos invitó a sentarnos, el restaurante era de la familia de él. Nos quedamos charlando y cuando contamos como nos habíamos quedado encerrados en las termas, nos dijo:
─ De Ustedes  dos creo cualquier cosa,  ya que los ví en otras aventuras. Pero esta vez tuvieron suerte.
─ ¿Por…?
─ A la noche largan los perros y son unos cuantos.
Se nos cayó la mandíbula inferior de la sorpresa…

Sin pasar por el hotel, nos fuimos a cenar así como estábamos al lugar que habíamos reservado. Finalmente cuando llegamos a nuestra habitación,  Mario se durmió. Tuve que despertarlo a las 23:45 hs. para brindar, pues con tanto stress, no aguantó hasta las 12 de la noche. Pero pudimos brindar frente al mar y vimos un hermoso espectáculo de fuegos artificiales sobre la playa.

Vista desde nuestra habitación

¡Fue de verdad, un fin de año diferente!

¡Feliz año 2014!