miércoles, 12 de enero de 2011

HISTORIAS DE VIDA - Capítulo 1

Hace 40 años que conozco a Mónica y  Alex. Los conocí cuando mi marido, Marce, comenzó su Residencia Médica. En ese entonces, Marce y yo éramos novios.
Alex y Marce hacían juntos,  2 ó 3 guardias por semana, por lo cual siempre les tocaba trabajar durante algún feriado importante.

A Mónica la conocí en Nochebuena. Ambas llegamos al hospital con paquetes de comida para cenar con la gente de la guardia y hacerles compañía a nuestras parejas.
Alex  y Moni hacía poco que se habían casado. Moni tenía un embarazo de 5 ó 6 meses de su primer hijo.

Era la primera vez que yo  pasaba una Nochebuena en la guardia de un hospital. La experiencia fue muy dura. Hasta cerca de medianoche más o menos, pudimos cenar con todos los médicos de la guardia, pero no llegamos al brindis. Accidentados en moto, choques de vehículos, quemados, apuñalados, intoxicados… etc. y etc. era  lo que se presentaba durante esa noche interminable.
Ahí tomé conciencia de la tremenda responsabilidad y stress de ese grupo de hombres y mujeres jóvenes, que estaban haciendo “La Residencia Médica
A partir de esa noche comenzó entre nosotros cuatro, una amistad que lleva 40 años; con altibajos, breves ausencias, discusiones, reencuentros, etc.

A los cuatro nos encantaba viajar, explorar, experimentar y vivir las sorpresas que depara la aventura.
Teníamos muy poco dinero, por lo tanto la gran aventura siempre la encarábamos con muy bajos recursos.

Hemos hecho muchísimos viajes juntos durante los 40 años, pero solo voy a relatar unos pocos y para no aburrirlos,   cada tanto publicaré una receta de alguna comida, de esas que se hacen en la  familia.

Entonces, el primer relato se llamará:
“Viaje al norte argentino en busca de trabajo para dos médicos jóvenes”

Continuará

domingo, 9 de enero de 2011

Un día con mi nieta Sofía

Eduardo Galeano
 Se que  este texto es muy conocido, pero es tan divertido que se puede reeler más de una vez. (María)
Mañana te dejo a tu nieta por un rato -dijo muy suelta de lengua mi hija.
Y me lo dijo así, como si yo hubiera parido una nieta y me la vinieran a devolver.
No es que me moleste, más bien me muero por ella pero... ¿así?.¿cómo si yo hubiera abandonado a algún niño en una canasta?
Me la trajo tempranito envuelta en camperas, bufandas, guantes, gorras y todas esas cosas que les ponen las madres a nuestros nietos y que nosotros les poníamos a ellas y ahora nos damos cuenta de que era un disparate.
No hay como cambiar de lugar del mostrador para avivarse de algunas cosas.
- No me le des chicles que el dentista lo pago yo, ni Coca Cola, nada con colorante, fijate la fecha de vencimiento de lo que le das, que no se desabrigue que acá adentro está muy frío, si ves que transpira sacale el gorro, que no coma chupetines porque se ensucia y con esta lluvia no se me seca la ropa con nada, si van a salir, tapale bien la boca, si se aburre, en la mochila trajo unos jueguitos para la playestation -dijo cerrando la puerta y continuó dando órdenes por el pasillo.
- Sí, mi amor, tengo un chicle de banana, y para después tengo un chupa chup de coca cola.
- Siéntese por acá que le voy a enseñar a jugar al ludo, ya tiene cuatro años y tendría que saber. Usted juega con las fichitas rojas, si saca seis..., no, mi amor, el dado no se tira así, ¿su mamá no le explicó que no gana el que lo tira más lejos?
Ya van tres veces que tengo que correr la heladera para sacar el dado.
¿No le gusta el ludo mi amor? ¡¡¿Ya se aburrió del ludo mi amor?!!
Bueno..., le voy a enseñar a jugar al robo montón... Si tiene una sota..., la sota es la señora de... ¿tampoco le gusta? Entonces de la escoba de quince ni hablamos ¿no?
Mijita..., yo a su edad jugaba con tres palillos de ropa y dos chapitas durante horas y horas y usted ya me cambió de juego tres veces en dos minutos.
¿Sabe una cosa? Nos vamos a las hamacas y al arenero ¿Cómo que su madre la reta si se ensucia con arena?
En la esquina nomás le saqué la bufanda, los guantes, el abrigo y todo lo que le había puesto la madre para que se moviera poco. ¡Ay Sofía! ¡Faltó que le pusieran un ombliguero nada más!
Pise..., pise ese charco..., déle, déle que nadie nos ve.
Sí, agarre ese palito y vaya pasándolo por la pared y por las rejas..., dele..., que yo lo hacía y no me morí...., patee esa lata..., pise solo las baldosas blancas..., gire alrededor de esa columna..., corte esa flor para llevarle a su madre..., no pise la sombra..., déle..., tírele una piedra a ese perro que se quiere comer al abuelo..., cuélguese de esa rama que está bajita...
¿Al shopping? ¡¡¿¿¿AL SHOPPING???!!! ¡Noooooo! ¡¡Nuncaaaaa!! ¡¡Yo a ese antro de perdición no entro aunque me lo pida mi nieta!!!
- Buenas tardes... ¿Ropería tienen...? Ah..., bueno.
Metí el mate y el termo en la matera porque no tenía claro si dejan tomar mate en el shopping.
Cargué con la ropa que le había sacado a Sofía y le agregué mi campera porque había 15 grados de diferencia entre la placita y ese lugar maldito.
Mi nieta empezó a moverse como si hubiera nacido allí.
Yo estudiaba cada paso que daba por temor a equivocarme.
Sofía llamó por el nombre de pila a la vendedora de pororó y me hizo comprarle una caja de las grandes.
Cuando yo estaba pagando enfiló corriendo para la escalera mecánica y a mí casi me da un ataque.
Corrí lo más rápido que pude cargando con la ropa, la matera, desparramando el pororó por el piso al grito de ¡¡Sofíaaaa!!!! ¡¡¡¡Cuidadooooo, esa escalera te puede mataaaar!!!!!!
Detengan a esa niñaaa!!! ¡¡Paren la escalera!!!! ¡¡Se va a tragar a mi nieta!!!! ¡¡¡Alguien que pare la escaleraaaa!!!
Un guardia de seguridad me quiso llevar detenido mientras mi nieta me hacía adiós con su manita abierta subiendo lentamente hacia la zona de restaurantes.
Regresó solita  por la otra escalera y le explicó al guardia que yo era su abuelo y que me había traído al shopping.
- “Es mi abuelo, nos vamos al cine Pablo”.
-¿De Walt Disney dan alguna? -pregunté a una chica igualita a la que me dijo que no había guardarropa.
Seguro que ya se lo habían preguntado muchas veces, porque se rió y me miró como diciéndome... “No, de Walt Disney hoy no damos”
No habíamos dado ni tres pasos cuando tuve que comprar otra caja de pororó y dos vasos de Pepsi de los grandes.
Nunca pensé que podría ser tan largo el recorrido hasta la butaca.
Le pedí a mi nieta que se agarrara de mi campera porque me quedé sin manos para ella.
Un vaso llenito hasta el borde en cada mano, la caja de pororó llevada con los dientes, la matera colgada, los guantes, la bufanda, las camperas y la gorra sobre mis brazos a modo de un bebé.
Cuando vi el escalón a lo oscuro, mi instinto de abuelo no consiguió frenarse y grité:
- “¡Cuidadooo Sofía!”
Cualquier idiota sabe que cuando uno abre la boca para hablar se le cae lo que esté agarrando con los dientes.
Yo también lo sabía, pero mi cabeza piensa más lento que mi corazón.
De cualquier manera lo que más me molestó fue la risita de algunos padres piolas, la patada que me dio el tipo al que bañé con pororó y los insultos de la señora que limpia.
El resto, bien.
Necesité diez minutos más para acomodar en la oscuridad todo lo que había llevado al santo botón.
- Abuelo... -dijo casi en secreto mi nieta - ¿no quedó pop?
- ¿Pochoclo? –le pregunté.
- ¿Pocho qué?- dijo mi nieta y tuve que ir a buscar más.
Como no me animé a dejarla sola en lo oscuro y como vi a un par de nenes con cara de delincuentes sentados allí cerquita, resolví agarrar todas las cosas (incluyendo a Sofía) y repetir la operación otra vez.
Tomé un trago bien grande de ambos vasos para que no se me volcara y allá fuimos otra vez de excursión.
Nos perdimos el principio de la película.
-Esta ya la vi, abuelo -dijo mi nieta con absoluta seguridad.
- ¿Cómo que ya la vio?!! ¡Es Robot!! ¡Es un estreno!
- Ya la vi abuelo. ¡El papá de una compañerita del colegio las baja por Internet.
- Bueno, mi amor, no importa..., vamos a verla otro poquito que me gasté 250 pesos en las entradas.
- Ahora ese robot se va a desarmar..., ¿viste abuelo? Ahora agarra su cabeza con la mano. ¡Te lo dije! ¡Vamos a los jueguitos, abuelo, vamos a los jueguitos!
¡No, no y no! No es que me molesten las maquinitas, directamente las odio. No puedo ver como pasan horas y horas enfrente a las pantallas donde se cruzan autos o aparecen monstruos disparando.
- No mi amor, discúlpeme, pero eso es lo último que haría.
- ¿Me das 4 fichas, por favor? -le dije a una chica igualita a la que vendía Pepsi, pochoclo y entradas de cine.
El ruido me  perforó los oídos..., en una máquina un tipo tiraba con una ametralladora hacia una pantalla y el que parecía su hijo se le colgaba de los pantalones llorando para que le dejara hacer un tirito.
En otra máquina un niño de 8 o 9 años trataba de embocar una pelota de básquetbol en un aro, le pregunté por que no iba a la placita y me dijo algo de mi mamá.
Dos niños que parecían sus hermanitos lo aguardaban en unos changuitos. Les pregunté por la madre y me dijeron que estaba al lado, en las maquinitas para grandes.
Contra el pool, cuatro niños de 10 o 12 años pasaban tiza a los tacos y solo faltaba el humo de los puchos subiendo hacia la luz tenue que se balanceaba sobre el paño azul.
No pude encontrar ningún juego para mi nieta, así que dejé más de 200 pesos en fichas tratando de agarrar con una pinza unos ositos de peluche que no salían más de 30 pesos.
No es lo mío..., no consigo coordinar en ese juego, cuando quiero abrir la pinza, suelto la campera. Cuando quiero largar la pinza tiro la matera.
Sofía por suerte sacó un caballito azul y me lo regaló.
- Dale abuelo -me dijo - llevame a comer algo, tengo hambre.
- Bien..., seguro que a la vuelta encontramos un frankfrutero.
- No, abuelo, llevame a Mac Donald’s.
- ¡Nooooooo! ¡No, no, no y no! Nunca entraré a ese lugar en que muelen desperdicios y los transforman en comida, cortan pedacitos de plástico y los ponen en bolsitas de papas fritas ¡Noooo! ¡Ni siquiera por vos, Sofía!
- Un happy meal, sin ketchup, sin queso y una coca -le dije a una chica igualita de la del cine, las maquinitas y el pororó...
- No -me contestó- a Sofía le gusta con queso. ¿Y para usted?
- Ehhh..., un chorizo con picantina, hongos y criolla.
Algo que no entendí pasó en ese momento, porque se rió igual que la de Walt Disney y me dio solo el pedido de Sofía.
Mi pequeña “nieta zapping” no había terminado de comer cuando se metió en el pelotero y en unos tubos enormes junto a una manga de foraj... de niños que disfrutaban del sábado.
Cargado de mi equipaje, más los jueguitos que traía la cajita y el caballito azul me asomaba de a ratos a unas ventanitas de vidrio en las alturas para ver si todavía respiraba.
Dos veces me tuve que meter en los tubos (sin largar la ropa) porque Sofita no se animaba a tirarse.
- ¿Qué le parece si nos vamos? El abuelo está cansado, con frío y transpirando.
- ¿Al baño? ¿No aguanta hasta llegar?
Yo temía este momento, sabía que me podía pasar.
- Sofiita, escúcheme un poquito, mi amor, yo no puedo entrar al baño de las niñas, aguántese hasta llegar.
-No, abuelo -me dijo- no aguanto más.
-Bien..., ¿qué va a hacer en el baño? -pregunté y me preparé para la peor respuesta.
- Caca, abuelito.
Volvimos al shoping y cuando nadie me vio me metí en el baño de las mujeres y me escondí atrás de una puerta esperando que mi nieta me avisara.
- Ya está abuelo, limpiáme -gritó mi nieta.
-Voy Sofiita -le dije y me topé con una vieja que salía subiéndose la bombacha desde una de las puertas.
Lo que siguió fue muy triste, me golpeó fuerte con un paraguas al grito de de-ge-ne-ra-do.
Así, una sílaba, un golpe de paraguas: ¡De-ge-ne-ra-do!!
Y me pegó hasta que llegó el guardia que por radio pidió ayuda a sus compañeros.
Ayuda precisaba yo.
Mi nieta se la tuvo que arreglar sola una vez más y mientras se acomodaba el pantalón les dijo:
- Es mi abuelo otra vez Pablo..., ya me lo llevo.

Eduardo Galeano -escritor 

sábado, 8 de enero de 2011

Tarta de ciruelas tipo remolacha

Yo debía tener  6 ó 7 años, cuando  nuestro padre  un día, nos llevó a mis hermanos y a mí,  a tomar el té  a casa de unos amigos alemanes. La dueña de casa, llamada Ilse, había preparado para la ocasión,  varias tartas y  otras delicadezas; una más rica que otra. Yo me concentré en una tarta de un hermoso color rojo. Tenía una masa finita y una capa roja de frutas. Me dijeron que era de ciruelas. Comí una gran porción acompañada de un copo de crema chantilly. No se si porque era chica o qué,  me pareció una de las cosas más ricas que había probado en mi corta existencia.

 
 Con el paso de los años nunca pude olvidar a Ilse, sus tortas y sobre todo  el recuerdo de esa  "tarta  de ciruelas". De mayor, intenté miles de veces  copiarla o imitarla, según mi recuerdo. Nunca me salía bien y muchísimas veces los experimentos terminaban en el cesto de residuos. Hasta que una vez probé hacerla con ciruelas “tipo remolacha.” Es lo más parecido a la Tarta que hacía Ilse. Va la receta aprovechando  que ahora,  es tiempo de “ciruelas remolacha”

Tarta de ciruelas tipo remolacha

Masa
200 grs. de harina
3 cucharadas bien colmadas de azúcar
100grs de manteca
2 yemas de huevo
U cucharita de extracto de vainilla


Relleno
1kg de ciruelas tipo remolacha bien maduras
4 cucharadas o más de azúcar (a gusto)

Granulado
100grs de manteca
100grs de azúcar
200 grs. de harina

Preparación
Pelar las ciruelas, quitarles el carozo, cortarlas en cuartos y agregarle el azúcar. Dejar macerar mientras se prepara la masa.
Para la masa: mezclar la manteca blanda con el azúcar, agregar las yemas, el extracto de vainilla y la harina. La  masa debe quedar tierna.
Para el granulado: Formar un granulado con la manteca, el azúcar y la harina.
 Enmantecar  y enharinar un molde  de tarta. Forrarlo con la masa, verter el relleno ya macerado y espolvorear el granulado por arriba de las ciruelas.
Cocinar a horno mediano.
Servir tibia o fría, sola, o con un copete de crema chantilly.


miércoles, 5 de enero de 2011

Los chipá de Paraguay



Al Paraguay fuimos dos veces seguidas, ambas  en  coche y con mis cuñados Gabriela y Luís. La primera vez  entramos por Clorinda, provincia de Formosa,  directo a Asunción y la segunda a través de Posadas, entramos a Encarnación.
 El Río Paraguay tiene la característica que bordea la ciudad de Asunción

http://www.mca.gov.py/ La vista  es muy bella.


 La historia de este país tan sufrido, es muy interesante y está tremendamente ligada a la historia Argentina.

 

Desde Asunción fuimos recorriendo pueblos hasta llegar al Lago Ypacaraí, próximo a  Caacupé. Demás está decir, que íbamos escuchando todo el tiempo la canción “Recuerdos de Ypacaraí” cantada en español por el increíble Caetano Veloso.
Visitamos muchas Ruinas Jesuíticas, sobre todo en los alrededores de Encarnación.

En cada pueblo  probábamos los  Chipá. Esa maravilla de pancito que se vende por todas partes. Allí, en Paraguay,  tienen un sabor que no se puede imitar.  Amarillos, suaves, livianos y calentitos. Nunca comí tantos,  ni tan sabrosos cómo en estos dos viajes.

 
Con Gabriela, estábamos desesperadas por tener una receta, que no es una. Hay muchísimas formas de hacer chipá y cada una con un toque especial. Finalmente,  en el atractivo Mercado de Alimentos y Artesanías de Encarnación, la conseguimos. Pero la mujer que nos facilitó la receta, insistía que debíamos hacerla con  “queso paraguayo”, no otro. Este es un queso tipo rústico y también con  la harina de maíz que ellas usaban,  más el almidón de mandioca, de lo contrario no nos saldría igual que a ellas.
Que les cuento,  que con  Gabriela, en un momento de apasionamiento, comenzamos a comprar los ingredientes. Cada una compró los suyos, o sea la lista siguiente  multiplicada por dos.

Una horma de queso paraguayo (4kg).
1 Kg de harina de maíz especial para chipá
2 kg de almidón de mandioca.

Dos ingenuas  nosotras; nos veíamos amasando los chipá en nuestras casas, dando por “sobre-entendido” que nos iban a salir igualitos de deliciosos que a las mujeres paraguayas.  Pero,  olvidamos un detalle… Teníamos que cruzar la frontera  Paraguay/Argentina. En cuanto llegamos allí,  nos hicieron abrir el baúl y nos confiscaron toda la mercadería. Según la ley, no podíamos pasar alimentos por la frontera. No hubo manera de convencer a la Sra. agente de aduana.
Supusimos que todo el personal de  Aduana del lado Paraguayo, comió chipá durante una semana completa, tal era la cantidad que perdimos de materia prima y no les cuento la frustración que sentimos.

Cuando  relatamos este suceso en Bs. As., la prima Inés nos dijo:
- Ahhh… ¿Chipá? Aquí tienen una receta que no falla nunca.
Era verdad. Con estas indicaciones salen hermosos,  aunque no son “los chipá paraguayos”, pero valen la pena.

CHIPÁ  de INES

Ingredientes
3 tazas de fécula de mandioca.
2 cucharadas de manteca.
1 cucharadita de sal.
1 cucharadita de polvo de hornear.
1 taza de queso rallado.
¼ kg de queso tipo Mar del Plata cortado en cubitos pequeños.
3 huevos batidos.
¾ aproximado de una taza con leche fría.

Preparación
Mezclar la fécula de mandioca, la sal, el polvo de hornear, el queso rallado el queso cortado en cubitos y la manteca. Luego agregar los huevos batidos y la leche.
Amasar hasta obtener un bollo tierno. Hacer pancitos redondos y colocarlos en placa enmantecada. Cocinar en horno caliente, pero vigilar que no se quemen de abajo.

martes, 4 de enero de 2011

Almafuerte

Uno es tan joven como
su fé.
Tan viejo como su
duda.
Tan joven como
su confianza en sí mismo.
Tan viejo como su
Desesperanza.
Samuel Ullman (1840-1924)

“A veces un profundo
destino está dormido
viene el dolor y lo despierta”
Almafuerte (1854-1917)

domingo, 2 de enero de 2011

Defendiendo territorio

La temporada de apareamiento de los cocodrilos es la primavera. Es entonces cuando los machos llaman a las hembras mediante un sonido que el diario Maariv de Israel describe como “el ruido que hace un auto al frenar”.


Este año en el criadero Hamat Gadar, en Altos del Golán, la temporada arrancó temprano. Este hogar de más de cien cocodrilos, que queda en Israel, está situado bajo el espacio aéreo donde la fuerza aérea entrena a sus pilotos.
David Golán,  que trabaja en el criadero, explicó a Maariv que los estallidos sónicos de los aviones hacen pensar a los cocodrilos que hay otros machos cerca. Es por eso que responden con sus propias llamadas de apareamiento, aunque sea fuera de temporada; no hacen más que proteger su territorio.

 
Mucho ruido y pocas nueces, porque Golan al mismo tiempo asegura que la actividad sexual de los cocodrilos no aumentó en lo más mínimo.

Los estallidos sónicos funcionarán como afrodisíaco, pero a la hora de los bifes los cocodrilos son esclavos del calendario.


Fuente: Radar, Página 12. Argentina